jueves, 1 de mayo de 2014

WINDOWS XXXP (@Borinotman)

Que erección más tonta.

Tras finalizar la partida, Ramiro tuvo un orgasmo. Ni tan solo había conseguido vencer a la máquina, pero esa partida le había dado más placer que ninguna otra mujer en meses. Que digo meses, años. Aquella tarda-noche de primavera, tras dar por perdido el día, decidió gastar unas cuantas horas de su vida en juegos predeterminados de Windows en su portátil (que usaba de ordenador de sobremesa, nunca lo había usado en otro lugar que no fuera su habitación, así que de portátil poco, como mucho móvil, porque lo llevaba de la mesa a la cama y viceversa, pero vaya, que era un completo despropósito darle ese nombre a un aparato que no se portaba de ninguna manera, diablos).

Empezó su rutina, como siempre, con el Solitario básico, el estándar, no tiene mucho secreto. Tras tres partidas fallidas, la cuarta se puso interesante nada más empezar al conseguir de entrada los cuatro ases. Allí estaban, esperándole los cuatro, a que finalizara esa partida por todo lo alto. El As de picas, picarón; el As de tréboles, travieso; el As de diamantes, demoníaco; y el As de corazones, ay, el As de corazones robados. Podía jurar que esos ases le miraban, y sus miradas rompieron algo en el interior de Ramiro. No consiguió ganar la partida, pero sin duda había experimentado algo inesperado, algo que nunca había experimentado delante de una pantalla.

Intrigado por aquella nueva experiencia, decidió seguir con el Carta Blanca. Aquí no podía haber fallo, tenía el ojo puesto en su récord de victorias (59) y no iba a fallar ahora. De entrada, la partida se puso complicada, al tener tres doses muy atrás. Tuvo que ingeniárselas para conseguir un espacio vacío extra, e ir colgando cartas en la pila de los diamantes. Eso le molestó. No le gustaba tener que desechar seises, de ningún palo. Lejos de venirse abajo, ese contratiempo le excitó aún más, sin rodeos. Notó como los pantalones le apretaban a medida que avanzaba la partida, limpiando el tablero de cartas. Cuando venció a la máquina, Ramiro estaba jadeando. Se secó el sudor y se acercó aún más a la pantalla. Esto aún no había terminado.

Decidió dejarse el plato fuerte para el final: el Buscaminas. Nada más abrirlo se le escapó un gemido de pura expectación. "Esto será memorable", murmuró. Susurró, de hecho, sugerentemente. Tras un par de inicios fallidos, consiguió encarrilar una buena racha de minas marcadas. Fue clicando cuadraditos y abriendo espacios. Iba a contrarreloj, quería superar su mejor marca en el nivel experto, 227 segundos. Miraba el contador con un ojo, sudando como un cerdo, como el cerdo que era, mientras localizaba minas, una detrás de otra. Mina, mina, mina, mina, mina. Estaba llegando al clímax, podía notarlo, pero aún le quedaban 26 minas y solo 20 segundos de margen. En una espectacular embestida que hizo temblar la mesa, se pulió 25 minas en 5 segundos, clicando en la última por error y mandando al garete la partida de su vida. Y se corrió, por todo lo alto.

Eyaculó lo ineyaculable.

Ramiro tuvo el mejor orgasmo de su vida clicando una mina.

Boris