martes, 29 de enero de 2013

Tuiter. Con "t" de tonto. (@Bucanegro)

Espero no enfadar al lector y menos aún a mi amado Doc, pero esta mi primera entrada en el blog no va a versar sobre memeces y chaladuras sino de un tema muy serio.
En el futuro prometo enmendar mi error y vestir perennemente la nariz de payaso.
Como decía voy a hablar de un tema muy serio; tanto es así que lo considero la misma idiosincracia de Tuiter. Hablo, por supuesto, de hacer el tonto.
En uno de mis primeros tuits, allá por el mes de octubre, enuncié lo que hacemos todos al entrar en Tuiter. El tuit era más o menos así: "Para hacer el tonto no necesito un motivo, solo un lugar".
Y así es, eso Tuiter, un lugar en el que todos, absolutamente todos entramos para hacer el tonto. Sin excepciones. O sí: los que hacemos el tonto de manera más notable, los que tenemos puesta la nariz y la peluca naranja.
Hacer el tonto (maravillosa expresión) es algo consustancial al ser humano. Desde que nacemos hasta que morimos lo único que queremos hacer es el tonto. Mirad los monos: prueba fehaciente de que procedemos de un ser que lo único que hace es jugar y hacer el tonto.
Sin embargo, los que no hacen el tonto de una manera manifiesta (o eso creen), los que, como decía, no llevan la nariz de payaso puesta, hacen el tonto igualmente. Los periodistas que tanto abundan, los políticos, los actores, escritores y hasta los humoristas profesionales hacen el mayor de los tontos en uno y cada uno de sus tuits.
Los periodistas hacen el tonto jugando a ser libres en sus opiniones, denunciando tejemanejes políticos, a árbitros y jugadores de fútbol, corriendo por difundir antes que nadie una noticia. Pero no es más que eso, un juego, lo que hacen no es más que informar a un atajo de tontos. Dime con quién nadas.
Los políticos exactamente lo mismo. Por no hablar de los deslices que tienen. ¿Pero por qué? Por que son tontos. A ver si ahora os voy a tener que justificar que los políticos son tontos.
Los actores y famosillos. Esos, cualquiera que haya estado más de cinco minutos en Tuiter lo comprobará. Uno de los más tuits más repetidos por el ciberespacio tuitero reza: "Tuiter es un lugar en el que los famosos se hacen tontos y los tontos se hacen famosos". Verdad como un templo.
Incluso los enlaces patrocinados hacen el tonto. porque hay que ser tonto para anunciarte en un sitio en el que te expones a ser vilipendiado. Porque somos muchos los que pensamos que debemos expulsar a los mercaderes del Templo.
Pero es que ay de aquél que no haga el tonto. Peor para él. Cualquier anuncio, noticia o comunicado tendrá cien o mil veces más repercusión si la aliñas con algo ingenioso y con algo muy tonto. Cuanto más tonto mejor.
Pero es que además, quién se esfuerce en no hacer el tonto, además de no conseguirlo (siempre vendrá alguien detrás a poner de relevancia lo tonto de tu tuit, mirad Alejandro Sanz) se estará cohibiendo, porque hacer el tonto es un universal antropológico, es connatural. Y Tuiter es eso es el lugar donde hacerlo libremente. Motivos no faltan, vienen de serie. Parafraseando el tétrico cartel de Auswitch: "HACER EL TONTO OS HARÁ LIBRES".
Y he aquí la madre del cordero. Por eso es tan popular Tuiter. Por eso mientras Facebook y las demás redes sociales se hunden Tuiter cobra cada vez más relevancia y traspasa la frontera de Fantasía.
En Tuiter puedes hacer todo el tonto que quieras. Todo lo que no puedes hacer en la calle, en el metro, en tu puesto de trabajo y ni siquiera en el resto de redes sociales. Es como los hombres que se visten de mujer en carnaval. Ese día pueden sacar a relucir el lado femenino que todos tenemos. Un camionero ese día puede cruzarse de piernas, ser pudoroso, maquillarse y ponerse medias sin prejuicio del qué dirán.
Así es Tuiter, un lugar donde debemos obviar el qué dirán, un lugar para liberarnos, para hacer terapia barata y sobre todo para hacer el tonto con avaricia, que pa' eso está. Como decía Salinas: "Sí, todo con exceso".

P.D. : Pido una vez más disculpas por lo elevado del asunto. No se volverá a repetir. Lo juro, seño. Para más información leer Tratado sobre la desesperación, de Søren Kierkegaard; donde se demuestra que el más desesperado es el que no sabe que está desesperado. Cambiad "desesperado" por "tonto" y voilà.

Ah, y Guti Maricón.


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