martes, 29 de enero de 2013

Ramiro, selección. (Parte 1) (@Carapolla7)

La afición futbolística de Ramiro sólo era comparable a sutorpeza. Cuando en el patio del colegio los capitanes confeccionaban sus equipos, el pequeño Ramiro era testigo de conversaciones como:-Sergio. -Víctor. -Alberto. -Tomás. -Dani. -Alex. -¡Juanjo! Hala, Ramiro pa ti. -Ramiro pa tu puta madre. ¡RAMIRO, TÚ ÁRBITRO!

Pero Ramiro amaba el fútbol. Lo amaba con todas sus fuerzas. Así que con diez años decidió presentarse a las pruebas para jugaren el fútbol base del Real Madrid . En cuanto se puso a correr, los técnicos del club dieron por hecho que el chaval padecía algún tipo de minusvalía, aunque no adivinaban si física o mental. Seguramente las dos. Tal era el bochorno que estaba pasando el padre de “Ramirinho” (seudónimo por el que era conocido entre sus compañeros de clase), que cuando los progenitores de otros candidatos le miraban, sólo acertaba a decir: “Es el hijo de mis vecinos. Le he traído yo porque ellos están trabajando”.
El padre de otro chaval , que grabó el partidillo, años despuéssubiría un fragmento a Youtube, titulándolo “Cristiano Mongolo”. Con el tiempo, el vídeo se convertiría en el más visitado de la página. A día de hoy, en él se publicitan marcas de ropa deportiva, escuelas privadas para niños discapacitados y fundaciones pro aborto. Los comentarios del vídeo más valorados son: “Eh,tío cámbiale el título, mola mucho más 'Mongolo Sanchís'jajajajajajaja” (FAV) y “Guti, maricón”.



Desde los catorce años hasta los dieciséis formó parte de un equipo amateur de fútbol 7, que él mismo había reunido, con otros niños judocas cinturón blanco-amarillo, dos albinos, un pelirrojo y una travesti heterosexual. Se autoproclamó capitán y eligió el dorsal 10, número históricamente ligado a los mejores jugadores de la historia como Pelé, Maradona o Ricardo Gallego.
Era el típico paquete que se pone a dar gritos y a organizar el cotarro siendo incapaz de dar un pase de metro y medio al pie. Sus compañeros estaban de él hasta la polla, sobre todo la travesti pichichi, que se erigió como portavoz y con todo el tacto que puedo le dijo: “Ramiro, muérete”.



Expulsado del equipo que él mismo había confeccionado, Ramiro barajó las posibilidades para seguir ligado al balompié. A los diecisiete años se hizo árbitro de fútbol grande para ligas escolares. Se le daba francamente bien, siempre que no corriera cincuenta metros seguidos. Cuando lo hacía, se desmayaba y acto seguido se cagaba encima. Otra vez en Youtube. La vida, eh?

EN LA SIGUIENTE ENTREGA RAMIRO SE HACE ENTRENADOR. ¿TE LO VAS A PERDER, HIJO DE PUTA?

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