Era evidente que la Família no iba a dejar ese cabo suelto. Una casa en las afueras guardaba celosamente la única testigo del asesinato de Mario. La testigo estaba escondida debajo de la cama cuando Gio y Juanan entraron al apartamento de Mario y le cosieron, primero a balazos, luego con un cordel muy fino los labios. Un guiño a los bocazas. Y bueno, una perversión más de Juanan, al que llamaban "el Puto Loco" (aunque no a la cara, claro, a la cara solo era Juanan "el Español Majete"). El caso es que ahora la testigo estaba protegida por el FBI, en esa casa. Delante de ella, Gio, Juanan y Figaro ya estaban esperando el momento para entrar, dentro de un Ford bastante antiguo.Y ahí estaba el Camaleón, con las manos al volante. Le llamaban el Camaleón porque le habían cortado la lengua de pequeño, una asociación de ideas bastante rebuscada para mi gusto, pero yo solo cuento la historia. A mí no me miréis, no es culpa mía, chicos. Lo siento, de verdad, pero estos mafiosos están de la olla, no voy a discutir con ellos, ni me habléis. Que no, joder, dejadme en paz.
- Bien, chicos, aquí es donde vive esa zorra.
- Aquí vive esa furcia.
- Esa zorra.
- ¿Ahí vive?
- La zorra.
- Que furcia.
- Pues ahí vive.
- ¿La zorra? ¿Ahí?
- Sí.
- Zorra...
- Va a estar acompañada por dos agentes del FBI, así que agarrad los juguetes. Gio, tu por la entrada trasera. Juanan, tu te vienes conmigo. Camaleón, el motor encendido, ya sabes como funciona esto.
Claro que lo sabía. Llevaba trabajando para la família desde que le cortaron la lengua. Y conocía a Mario. Le quería como a un hermano. Maldita sea, era su hermano, ¿cómo no iba a quererle como un hermano? Camaleón apretó con fuerza el volante, tenso. Tenía que salvar a Paula. Bajó del coche y entró en la casa, la puerta delantera estaba abierta. En mitad del pasillo reposaba el cadáver de una mujer robusta. Una de las agentes. En su mano, un pequeño revólver. Lo recogió y sospesó. En ese momento, Juanan bajó del piso superior. Llevaba un arma con silenciador, para no alertar a los vecinos.
- Nano, vuelve al coche. Las agentes están muertas, enseguida pillaremos a esa zorra, tete. ¿Qué haces?
Camaleón disparó dos veces al pecho de Juanan. De una puerta lateral, Figaro entró alarmado al pasillo y se llevó un disparo al cuello, impidéndole gritar, y tres más en el torso. ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! ¡PIÑAU! (ese último dió a la cadera de titanio de Figaro). El joven soltó el revolver y recogió la pistola de Juanan, aún cargada. Gio entró desde la cocina, cuchillo en mano, y vió el panorama. Los dos matones muertos, el cadáver de la agente, y a nuestro protagonista con el arma de el Puto Loco.
- Hija de puta, ha matado a Figaro y a Juanan... Buen trabajo, Camaleón. Ayúdame a encontrar a la furcia.
El chico le acompañó a la cocina. Gio le guió hasta la puerta trasera, que daba al jardín. De sopetón, Paula apareció justo delante suyo, ojiplática. Probablemente estaría escondida en el jardín y creyó que las agentes habían eliminado el peligro. Gio no dudó un segundo y le rajó el cuello de un solo tajo. Paula se tambaleó unos segundos y cayó de espaldas al césped. Camaleón levantó la pistola y, en mitad de un desgarrador grito mudo, vació el cargador en la cabeza del matón. Lanzó el arma y se acercó a la chica, moribunda, que sangraba como un cerdo ("como la cerda que era", murmuró el espíritu de Gio al pasar).
- Camaleón... pro... prométeme... que me enterrarás en el mismo ataúd que Mario... en... en el mismo... y nos pondrás bien juntos... muy juntos... follando... por favor... prométemelo...
Su voz era ronca y trémula, mezclada con esputos de sangre. Él sabía que eran delirios, palabras más del más allá que de alguien realmente vivo. Pero Paula le miraba con esas almendras que tenía por ojos, y Camaleón asintió con la cabeza. Ella miró al cielo, sonriente, y dijo sus últimas palabras en un último suspiro.
- Joder... qué polla...
Boris

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